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“En un mundo donde el pesimismo se vuelve común, todavía hay personas que creen en sus metas”

jueves, 17 de enero de 2013

Tras un adicto al trabajo hay un mal profesional.


Hablar de la adicción al trabajo o Workaholism” es hablar de un problema que hoy por hoy nos podemos encontrar en algunas Organizaciones.

El término se aplica a aquellos individuos que presentan una absoluta dedicación al trabajo, por encima de otras actividades familiares o personales, pero con una percepción obsesiva del mismo hasta el punto de convertirse en el eje central de su propia existencia. Estas personas sitúan en el primer lugar de su escala de valores al trabajo, dejando de lados otros aspectos como la familia, la amistad, el ocio y el tiempo libre, temas culturales, etc. 
Todo es medido bajo la óptica del trabajo, por lo que sus fuentes de estrés están en el mismo.

Si buscamos sus causas podemos encontrar variables laborales, personales y sociales que   hacen un caldo de cultivo en el entorno laboral muy apropiado para que se produzca este daño psico-social.

¿Cómo detectamos que una persona se encuentra en esta situación? Sencillamente porque trabaja más horas de lo debido, o de lo que convenientemente está establecido y su horario laboral se extiende fuera de la jornada laboral, llegando incluso a sacrificar su vida personal. Todo gira en función de resultados profesionales.

Se considera daño psico-social porque el trabajador se ve sumido en un estrés constante y al mismo tiempo un afán por no "desconectar" y seguir trabajando.

Esto genera en el individuo unas carencias a nivel socio-laboral (malas relaciones interpersonales en el entorno laboral, fomento de sus objetivos individuales, no saber delegar y por contra querer controlar todas las tareas para que pasen por sus manos etc.) y carencias a nivel extra-laboral (falta de dedicación a la familia y disminución de círculos amistosos).

No es extraño ver trabajar a este tipo de personas hasta muy tarde y levantarse temprano para seguir con ello. Incluso sacrifican los fines de semana para dedicar más tiempo a sus tareas profesionales. No desconectan ni aun encontrándose enfermos, insisten en seguir trabajando (a esto se le llama "presentismo").

Este tipo de conducta puede acarrear consecuencias negativas para el mismo trabajador (estados de ansiedad, aislamiento social, crisis emocionales, etc.), para la Organización (conflictos entre compañeros, mala comunicación, rendimiento inadecuado) y para la familia y entornos sociales (divorcios, problemas familiares, desapego del círculo de amistades, etc.)

Está claro que es trabajo para profesionales del sector (psicólogos, psicoterapeutas, técnicos de prevención) ayudar a identificar, reducir y sobre todo prevenir este tipo de problema cuando se detecta en una Organización. Hay que minimizar este riesgo controlando las condiciones de trabajo organizativas que fomenten que el trabajador sufra este daño. Esto identificará a su Organización como una Organización "saludable", "aptíssima".

Para tal efecto, a las Organizaciones y a los profesionales que apuesten por este tipo de conductas como valor competitivo es conveniente recordar que la calidad profesional se demuestra con resultados y no con horas, productividad no es trabajar más, sino mejor y que la mejor manera de productividad es la que empieza por uno mismo y acaba en el abrazo compartido de sus seres más queridos.

Como decía Victor Pauchet (médico francés): "El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento."

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