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“En un mundo donde el pesimismo se vuelve común, todavía hay personas que creen en sus metas”

domingo, 30 de junio de 2013

De la rutina del trabajo al placer de las vacaciones: ¿estás preparado?

Llega el verano y cómo no, ¡¡llegan las vacaciones!!

Por tónica general las empresas acuerdan o distribuyen las vacaciones en gran parte durante esta época estival (junio, julio y agosto). Otros en cambio aprovechan la oportunidad que les ofrece el sol, el mar y la tan esperada afluencia de turistas para trabajar a todo ritmo durante este periodo y salvar la temporada. Unos bajan de revoluciones, buscan el relax, el pleno disfrute y olvidarse por completo del trabajo. Otros se apuntan al vagón del “AVE” mejorando sus ratios de productividad y sacando más faena que de costumbre. Para ambos dejo algunos consejos con la intención de que tanto su paréntesis laboral como su sobre-esfuerzo generen satisfacción.


LOS QUE PREPARAN VACACIONES:

Planificar lo primordial y dejar hueco a lo secundario, incluso para el aburrimiento. No planifiquemos demasiado pues puede causarnos cierta ansiedad llegar a cubrir todas las expectativas y objetivos. Hay que dejar hueco a la improvisación, a los cambios de planes, a las sorpresas y la aventura dentro de nuestra planificación. Pensar que dentro de nuestro tiempo libre hay tiempo libre, mantiene a la mente despierta y nos hace sentir que la capacidad de disfrute es mayor. "Nuestro cerebro para estar en forma necesita desafío, exigencia, cambio, movilidad", así nos lo recuerda Shlomo Breztniz (psicólogo y neurocientífico israelí).

Teniendo lo importante controlado sentiremos bienestar, satisfacción, relajación y el disfrute será continuo. Démosle importancia a lo importante, que es lo que se debe realizar antes de iniciarlas: los billetes, la puesta a punto del vehículo, la reserva en determinado hotel, el presupuesto, las posibilidades del entorno, las alternativas que ofrece, lugares de interés, y por supuesto, a preparar la vuelta a casa o inicio al trabajo (conviene reservarnos un par de días antes de finalizar las vacaciones y descansar en nuestro hogar, al tiempo que volvemos a nuestra rutina). Luego dejen hueco para esa aventura y esas sorpresas que mantendrán vivo y despierto nuestro cerebro. No cometan el error de vivir unas vacaciones programadas 100 %, en este caso puede que realicen muchas tareas pero no las disfrutarán a tope.

Aquí les dejo unos consejos para que sus vacaciones cobren un valor emocional y las revivan 100%, antes de disfrutarlas e incluso varios meses después de hacerlo. Este ejercicio les va a servir como estimulante positivo.

Así comienza el ejercicio: cierren sus maletas, cierren también sus ojos y al tiempo que chasquean sus dedos… visualicen, escuchen o sientan sus respectivos destinos.

a)    los que sean “visuales” que se VISUALICEN:

o   en esa piscina rodeada de hamacas, palmeras, al lado una mesa con diferentes cócteles y de fondo un mar azul que invita a navegar.
o   en ese viaje por el desierto, con el mar de arena como horizonte y una infinidad de dunas a sus pies.
o   en ese descenso por el río en kayak, surcando montañas de agua, en un paisaje natural rodeado de un valle con verdes arboledas y cientos de senderos.
o   en esa escapada al pueblo, a esa tierra que nada más contemplarla nos ofrece unas vistas inolvidables, la perspectiva global de todo el pueblo conforme nos acercamos, su entrada con el letrero que pone su nombre, las calles que llevan a nuestra casa, los vecinos que se cruzan, y de los atardeceres que tanto recordamos. 
o   en ese fin de semana express a su destino preferido. Visitando las enormes salas del museo y observando detalladamente obra a obra, contemplando la majestuosidad del estadio de fútbol de tu equipo, las vistas desde el puerto marítimo, los paseos por esos senderos angostos, repletos de fauna y flora.

b)    los que sean “auditivos” que ESCUCHEN:

o   el chapoteo del agua de la piscina, como el “clin-clin” de los cubitos de hielo al agitar nuestro cóctel suena a música celestial o el embriagador sonido del mar producido por una caracola.
o   el silencio absoluto del desierto o ese susurro del viento en sus oídos al azotar las dunas.
o   el atronador sonido del río embravecido y del kayak golpeando las rocas al tiempo que se oyen gritos de otros compañeros del descenso.
o   el canto de los gorriones, el sonido de la cafetera vieja del pueblo, el run-run del tractor que viene de labrar, y también el silencio de los amaneceres roto por el canto madrugador del gallo.  
o   el eco provocado por las enormes salas del museo al hablar, el ensordecedor aliento de los aficionados en el partido de fútbol, el piar de las gaviotas revoloteando por el puerto o el relinchar del caballo que guía nuestra ruta ecuestre-rural.

c)    los que sean "kinestésicos" que se centren en los otros 3 sentidos (olfato, gusto y tacto):

o   sintiendo el frescor del agua al sumergirnos en la piscina, el olor a crema protectora, esa sensación de libertad cuando “hacemos el muerto” en la piscina, el contacto de nuestra piel al tumbarnos en la hamaca, esa explosión de sabor que nos deja ese cóctel bien agitado o el revolcón que nos provoca esa enorme ola en el mar.
o   esa sensación que nos produce el respirar ese aire seco y caliente lleno de polvo de arena o el contraste del calor agotador del día y el cortante frío de las noches del desierto.
o   el sentir los golpes del kayak en nuestro cuerpo, el sabor del agua brava o el olor a naturaleza salvaje.
o   en esos recuerdos que nos trae la vuelta al pueblo, en aquellos olores especiales, en el calor de la lumbre, el degustar esas pastas elaboradas al más estilo tradicional, el placer que nos produce acariciar ese legendario árbol, o saborear esa ramillita de hinojo. 
o   en ese fin de semana express disfrutando de las sensaciones que nos transmite ese cuadro o escultura del museo, o sintiendo como la afición arropa a tu equipo preferido o recordar ese aroma a césped nada más entrar en el estadio, el sabor de los espetos en la cantina del puerto marítimo, o el retozar por los prados con los brazos abiertos abrazando amapolas al tiempo que respiramos fragancias de romero, tomillo y espliego.

Cada vez que chasqueen los dedos lo asociarán con ese estado de bienestar. Esto les dará motivación extra y seguridad para afrontar aquellas situaciones difíciles o incómodas en las que se puedan encontrar.

Así pues, agarren su maleta por el asa y con su otra mano chasqueen sus dedos de nuevo, eso les mantendrá vivos, activos y alineados con sus deseos de pasar unas magníficas vacaciones inolvidables. De la misma manera cuando sus vacaciones se hayan acabado y vuelvan al trabajo, chasqueen sus dedos y acuérdense de esa situación positiva que experimentó. Esto les motivará y les transferirá positividad en sus acciones pues sólo el hecho de recordar algo positivo ya produce cambios hormonales. Es algo así como lo que ocurre cuando una sonrisa devuelve otra sonrisa.

LOS QUE SE QUEDAN TRABAJANDO:

Les recomiendo que hagan este proceso pero a la inversa. Es decir, cuando se sientan atorados y bloqueados durante el trabajo, realicen ese chasquido con los dedos e imagínense cada uno en su situación ideal y con su estilo representativo preferido (visual, auditivo o kinestésico). Pongan el foco de atención en ese pensamiento y comprobarán cómo todo fluye mejor. Pronto llegarán sus vacaciones, a todos nos toca. Y para aquellos que dicen no poder tener vacaciones que practiquen el fin de semana express (sábado y domingo), aunque sea de uvas a peras, no importa la cantidad de días de vacaciones sino lo que provocas con ese cambio de escenario. No existe un mejor estimulante mental que un cambio en el trabajo o unas vacaciones. Refuerza, relaja y activa nuestro cerebro, abre nuestros sentidos, nos mantiene despiertos y llenos de vitalidad para afrontar la realidad que nos viene.

Buen viaje para los que marchen de vacaciones y buena jornada para aquellos que chasqueando los dedos continúen su trabajo.


Una curiosidad: en latín, el gesto de chasquear los dedos, se llama crepitus digitorum, y  servía para enviar una señal a alguien para que hiciera alguna cosa que ya sabía. Tíbulo lo nombra en sus Elegías como la manera de comunicarle a su mujer que le abriera las puertas de casa. Haciendo un paralelismo con lo expuesto anteriormente, este gesto bien podría significar enviar una señal de positividad a nuestra mente para hacer bien lo que sabemos hacer, manteniéndola siempre abierta.